sábado, 29 de septiembre de 2012

Los Sentidos

                                                   
                                                            EL OLFATO









                                                        EL GUSTO

                  
Las partículas en estado sólido, líquido o gaseoso, que se disuelven en las papilas de la lengua mediante la saliva, son los excitantes que provocan las sensaciones gustativas. Los gustos, como los olores, son infinitos y, debido a la dificultad de su clasificación, se refieren a la sustancia que los produce. Se dice corrientemente "esto sabe a apio o a menta", pero las cualidades gustativas más elementales, irreductibles entre sí y desligadas por completo del olfato, se reducen a cuatro: salado, dulce, ácido y amargo. Lo salado se percibe en todas las regiones de la mucosa lingual. La punta de la lengua aprecia mejor lo dulce, y detrás de ella hay una zona absolutamente insensible. En los bordes de la lengua se gusta mejor el sabor ácido, y en la base lo amargo. La cantidad de saliva que se segrega depende de la clase de alimentos y de la intensidad con que se gusta. Así, un limón produce mucha más secreción salivar que un simple caramelo de esencia de limón. Es tal la relación que existe entre el gusto y el olfato, que los vinos generosos pierden su sabor característico si al probarlos se tapa la nariz. Por eso los catadores de vino no aprecian bien sus cualidades cuando están afectados de coriza. El vulgo afirma igualmente que las comidas resultan insípidas cuando uno se encuentra muy resfriado. Puede masticarse ajo y cebolla sin percibir el menor sabor si uno se tapona las fosas nasales con bolitas de algodón. 


                                                         EL OÍDO

                     
Consta de tres partes: 
  • oído externo, 
  • oído medio y 
  • oído interno. 
El oído externo comprende el pabellón de la oreja, que recoge y concentra las vibraciones del aire, y el conducto auditivo externo.
El oído medio o caja del tímpano es una cavidad abierta en el hueso temporal, en comunicación con la faringe por medio de un conducto llamado trompa de Eustaquio. Esta cavidad se comunica con el conducto auditivo externo por medio de la membrana del tímpano, que está tensa y cierra el paso entre ambos; en su interior hay tres huesecillos articulados: martillo, yunque y estribo.
El oído interno, que es llamado laberinto, limita con el oído medio por la ventana oval y la redonda. Dentro de este laberinto óseo se halla el laberinto membranoso. Ambos están bañados por un líquido llamado perilinfa, y llena el interior del membranoso otro que recibe el nombre de endolinfa. En el laberinto óseo se distingue el vestíbulo, con dos bolsas: urtículo, de la que parten los tres canales semicirculares, y sáculo, en la que tiene su origen el caracol. Este contiene en su interior y en toda su longitud los órganos de Corti, que tienen capital importancia porque poseen las terminaciones del nervio auditivo. Las vibraciones aéreas pasan a través del conducto auditivo hacia la membrana timpánica; ésta las comunica a la cadena de huesecillos, los cuales, dispuestos como palancas articuladas, las refuerzan y amplifican, dirigiéndolas a la perilinfa y después a la endolinfa, excitando las células sensoriales del caracol que forman el órgano de Corti. La excitación nerviosa es transmitida por el nervio auditivo a los centros correspondientes de la corteza cerebral, en donde se transforma en sensación auditiva. 



                                                         LA VISTA


                          

El órgano visual está alojado en la órbita, cavidad ósea que le sirve de protección. Consta de tres membranas concéntricas, llamadas esclerótica, coroides y retina y de tres cuerpos transparentes denominados humor acuoso, cristalino, y vítreo. 
La esclerótica es la membrana más extensa y resistente; se la designa "blanco del ojo" por ser de este color; en su parte anterior tiene adosada la córnea transparente. 
La coroides está situada debajo de la anterior y es de color oscuro. Posee un disco vertical, el iris, de color variable, el cual tiene un pequeño agujero llamado pupila. 
La retina es la membrana más interna y está debajo de la coroides. 
El nervio óptico (primer par craneal), al atravesar la esclerótica y la coroides por su parte posterior, se ramifica en numerosas fibras que contribuyen a formar esta membrana. La entrada de este nervio en la retina se llama punto ciego, y es insensible a la luz; todas las demás partes gozan de gran sensibilidad, sobre todo en la "mancha amarilla". 
El humor acuoso es un líquido incoloro que llena el espacio comprendido entre la córnea y el cristalino, especie de lente biconvexa dispuesta después del iris y que tiene la propiedad de contraerse buscando la perfecta visión. 
La cámara posterior del ojo, situada entre el cristalino y la retina, está rellenada por una sustancia consistente, que tiene aspecto gelatinoso, a la que se da el nombre de humor vítreo. 
El mecanismo de la visión se puede entender mejor al comparar el globo ocular con la cámara oscura de una máquina fotográfica; el cristalino como si fuera el objetivo; el iris, el diafragma; y la retina sería la placa o película. De esta manera los rayos luminosos penetran en la córnea y en el humor acuoso, pasan por la pupila. Al llegar al cristalino, y siguiendo las leyes de refracción de las lentes biconvexas, se cruzan, dando una imagen invertida, mientras el cristalino se acomoda, enfocando la imagen en la retina y consiguiéndose una visión clara. 

                                                         EL TACTO

                          

La piel transmite las sensaciones táctiles o de contacto; éstas pueden ser finas o más groseras; son transmitidas al neuro eje por los nervios sensitivos (sentrípetas) al que llegan por la raíz posterior correspondiente. 
En la cara y la cabeza, éstas son las fibras sensitivas de los nervios craneanos que transmiten los influjos sentrípetos. Los centros de la sensibilidad táctil (siempre conciente  están en la circunvolución parietal ascendente por el mismo camino hacia los mismos centros de la piel; transmite las sensaciones de temperatura y de dolor (termoalgesias) que son no solamente una fuente de información sino también de origen de reflejos y de reacciones de defensa.
La piel protege además al cuerpo de las agresiones excesivas del calor y del frío, no solo por su espesor y revestimiento sino también por la excreción del sudor.










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